lunes, 18 de enero de 2010

Pensar las librerías. Vía Librería Garoa "¿Qué es un libro? (I) " por Carola Moreno


¿Qué es un libro? (I)

Probad de eliminar a uno de los cuatro sujetos básicos: autor, editor, logística (sea o no un distribuidor convencional) o librero. Veréis enseguida el resultado: sólo llegarán al receptor los libros de los grandes grupos que tienen el poder de reproducir la cadena completa. Esos grandes grupos no pretenden eliminar a ninguno de los sujetos, porque saben muy bien que son imprescindibles. Lo que pretenden es convencernos a los demás de que podemos prescindir de algunos, y están muy cerca de conseguirlo.
No se trata ya de si editoriales y librerías independientes estaremos mejor o peor posicionados en el futuro panorama digital, ni tampoco de ganar más o menos (aunque menos va a ser difícil), sino de asumir una responsabilidad social que puede estar en peligro, que de hecho ya lo está.
Nosotros lo tenemos muy claro, entre todos podremos conseguir algo. Es necesario crear una red, un tejido independiente y empezar a trabajar conjuntamente. Nos hemos puesto manos a la obra, os dejamos con la primera entrega que nos manda nuestra amiga Carola Moreno de la editorial Barataria (una de las editoriales independientes de Contexto).


"El diccionario asegura que libro es el Conjunto de hojas de papel manuscritas o impresas que, cosidas o encuadernadas, forman un volumen. La definición, aunque válida hasta hace relativamente poco (de cinco a diez años, todo lo más), hoy nos suena falsa. Porque los libros hoy pueden no estar impresos, ni cosidos ni encuadernados, y pueden, además, no formar un volumen.
Pueden, porque de momento, para los lectores de mediana edad como yo el libro sigue siendo de papel, ese material efímero que se fabrica con pasta de madera procedente de los bosques del norte de Europa. Un libro de papel tiene cualidades indiscutibles que lo han mantenido durante siglos en el primer puesto entre las conquistas del diseño industrial: el libro es manejable y transportable; es barato, porque puede reproducirse mecánicamente; es amigable, porque proporciona compañía y consuelo.
Nuestros dedos pueden palpar esa materia viva y sentir al pasar las páginas el olor de la tinta y de las máquinas. Envejece con nosotros y amarillea en la misma medida en que aparecen nuestras canas. El libro impreso ha sido una gran conquista democratizadora. Nos ha transmitido conocimientos y experiencias que nos llegaban en tiempos digeribles para nuestras capacidades (limitadas, humanas).
El proceso del libro, realizado por una maquinaria de competencias y de logísticas complejas, ha permitido hasta ahora que a manos de los lectores llegara un producto elaborado o, en el peor de los casos, mínimamente elaborado. Pongamos un ejemplo: a una editorial como la nuestra (pequeña, con un catálogo muy reducido) llegan cientos de manuscritos y de libros ya editados en otros idiomas de cualquier rincón del planeta. Lectores profesionales y editores seleccionan, con la ayuda de amigos, enemigos y lecturas, los pocos libros que formarán ese catálogo, verdadera seña de identidad de cualquier editorial.
El libro seleccionado (entre cientos) pasa entonces por más cribas: traductores, correctores, diseñadores de cubiertas, maquetadores antes de ser enviado a la imprenta. El distribuidor lo reparte en las librerías adecuadas para ese libro concreto y el librero, el único que tiene contacto directo con el lector, recomienda, asesora, con la ayuda indirecta de la crítica y de los medios de comunicación. Todo ese proceso, que requiere tiempo y dedicación de muchos profesionales es el numerus clausus de la edición. Sólo unos pocos llegan, y aun así parecen demasiados. Las pequeñas librerías, e incluso muchas grandes, tienen verdaderas dificultades para seleccionar entre la avalancha de novedades.

¿Qué podría ocurrir con la implantación del ebook en el mercado del libro?

 
Obviamente muchas cosas están ya cambiando. Los lectores más jóvenes ya se han habituado a leer incluso literatura en la pantalla de un ordenador y no cuesta imaginar que los aparatos lectores de libros electrónicos serán en breve baratos y de buena calidad. Los textos electrónicos tendrán, se dice, un precio muy inferior al del libro convencional, y permitirán almacenar enormes cantidades de cultura escrita en un espacio mínimo. ¿Dónde está la pega? Por lo dicho parece que deberíamos alegrarnos sin reservas ante la llegada de un instrumento que podría popularizar la cultura escrita. Y nos alegramos, pero con ciertas reservas. Nos encontramos con interrogantes que merecen estudiarse con seriedad:

· ¿Qué es un libro electrónico?

· ¿Cómo llegará ese llamémosle libro al punto de venta?
· ¿Quién se encargará de asesorar al lector ante la previsible avalancha de títulos?
 
La primera pregunta deberíamos responderla autores y editores proponiendo una nueva definición de libro que obviara los aspectos materiales y se centrara en su composición intrínseca: libro es toda obra escrita, original de un autor o autores, que ha sido corregida, compuesta y editada para formar un texto coherente y asequible para la lectura.
 
Las restantes, y no menos fundamentales preguntas, esperan respuestas de los hasta ahora implicados en el proceso de comercialización del libro: distribuidores y libreros."
Carola Moreno. Ediciones Barataria.

Necesitamos leer. Quizá ahora, y aquí, más que nunca.

Vía Librería Garoa
Enviado por: Pablo Arcila

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