jueves, 26 de noviembre de 2009

El oficio editorial. Vía OBIEI "Reflexiones sobre la industria editorial y la Nielsen" por Margarita Valencia


Van algunos apartes a manera de invitación a un interesante texto de Margarita Valencia publicado recientemente en la página del Observatorio Iberoamericano de la Edición Independiente, OBIEI, en torno a las tendencias de la industria editorial anglosajona y las alarmantes consecuencias de su pretendida asimilación al negocio del entretenimiento:

"Solía suceder que el catálogo de un editor (lo que los anglosajones llaman el backlist) era su orgullo y que la cantidad de libros que allí hubiera que se vendieran año tras año durante muchos años era la medida de su éxito. Esos libros eran la espina dorsal del negocio editorial y su solidez permitía a un editor aventurarse con nombres desconocidos y explorar nuevos temas. Y no me refiero a libros en el dominio público, al alcance de cualquiera, sino a aquellos títulos y autores que el editor hubiese publicado por vez primera y que se hubieran ganado a pulso el derecho a permanecer en los anaqueles de las librerías".
"La exigencia de cifras exactas que acompaña por obvias razones a los productos de la cultura popular (programas de televisión, películas, canciones) se extendió a los libros y se convirtió en el puntillazo final de una industria que ya venía ahogándose con el incremento excesivo (y mayormente injustificado) en los anticipos, y los consiguientes incrementos en los tirajes, en las devoluciones, y en las novedades".
"Los libros se volvieron productos con fecha de expiración, como los quesos: en 2006, en un mercado dominado por las grandes cadenas de libros, si una novela no vendía una cifra decorosa durante sus primeras dos semanas de vida, prácticamente estaba condenada a desaparecer".

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