lunes, 14 de septiembre de 2009

De los antecedentes del oficio...

Del Testamento profesional: comentarios, ilustraciones y sugerencias al finalizar la tarea editorial, librera e impresora
Rafael Gómez Siles

«En cuanto al capítulo de los aprendices libreros e impresores hay mucho que decir: aunque no son muy precisos los reglamentos interpuestos (en Francia) entre 1550 y 1649, sí nos dan informaciones bastante completas sobre el tiempo de aprendizaje, diplomas, situación de la familia de los interesados, los permisos, fiestas respetadas sin trabajar, contratación y cualidades morales e intelectuales exigidas. Lo primero que se indica es -21- que no serán admitidos en el aprendizaje más que los candidatos versados en lengua latina y que sepan, al menos, leer el griego, lo cual deberá ser atestiguado por un certificado del rector de la universidad. La duración del contrato de aprendizaje pasará de tres años (1573) a cuatro años (1615), después a cinco (1618) para llegar a la maestría de la librería. El aprendiz tendrá que ser joven, de nacionalidad francesa, de buenas costumbres y vida, católico, con capacidad «para atender al público» y soltero...»
(«Histoire de la Librairie», Maurice Chavardès, Pierre Waleffe, París)

«En España las ordenanzas del gremio barcelonés promulgadas en 1553, que rigieron hasta la abolición de tales institutos, ya entrado el siglo XIX, y como se practicaban a la vez y bajo una sola denominación el arte de encuadernar y el comercio de los libros, establecían el aprendizaje en un periodo de cinco años después del cual los individuos pasaban a la categoría de oficiales. Los libreros, para establecerse, necesitaban recibir, el título de maestro, previo examen, y estar agremiados, sin cuyas circunstancias nadie podía tener libros para vender...»

(«Enciclopedia Universal Ilustrada», Espasa Calpe, Madrid)


«En 1794 fue redactada en París una «Memoria para el gremio de la librería contra no menos de trescientos particulares, cambalacheros, encubridores y vendedores con puestos de libros», en la cual se manifiesta el disgusto al ver en los puestos del Pont Neuf los libros mezclados con los melones, a un limpiabotas dejar el oficio que está a su nivel para vender libros y a una mujer buscando un Virgilio entre un montón de cebollas. ¿Qué decir de las obras que se ofrecen a los peatones bajo las arcadas del mercado Les Halles? Quién habría podido imaginarse que se comprasen libros de los serones de un caballo como si se comprase queso blanco».

(«Histoire de la Librairie», Maurice Chavardès, P. Waleffe, París)


Futuro adverso del librero


...En un posible futuro, adverso, siempre le quedará al librero fiel a su profesión el recurso de editar obras de su preferencia, teniendo en sus manos el control de sus propios libros; unirse a los autores de tiraje corto, a los de obras con destino a una clientela determinada, reducida pero adicta, que estaría esperándoles; obras que no interesaría acoger a editores ya muy industrializados. Maurice Chavardés, autor de la «Histoire de la Librairie» a la que tanto se ha acudido para la preparación de este trabajo, llega a decir al final de su obra: «Quién sabe si no se verá renacer -¡oh paradoja!- a los libreros-editores de antaño, manteniendo la edición artesanal con sus tradiciones de calidad y de independencia».

No se pierda el placer de la lectura completa de esta compilación de testimonios y noticias históricas sobre el libro y el oficio en
:
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/80294963989796163754491/p0000001.htm#I_11_

Enviado por
: Pablo Arcila

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