viernes, 20 de febrero de 2009

¿Por qué un precio fijo para el libro?

Este texto enviado por un lector al diario El País en España, nos pone en
evidencia una situación muy similar a la que venimos viviendo en los últimos
años en nuestro país. Espero que se una señal de alerta que nos lleve a
reconocer nuestros derechos como lectores y como personas activas dentro de
la cadena comercial del libro.

Este texto hace parte de la compilación de escritos: En defensa del lector,
Precio fijo del libro ¿Por qué?, editado por la Federación Española de
Cámaras del Libro en el año 2000. La edición y coordinación editorial
estuvo a cargo de Rafael Martínez Alés.

Luis Enrique

¿Por qué un precio fijo para el libro?
Jaime Lucía
Lector
EL PAÍS. Cartas al director

La iniciativa comercial de una determinada sociedad francesa dedicada al
comercio de productos de ocio recién implantada en Madrid ha desencadenado
una polémica sobre la ley que regula el precio fijo del libro en España.
¿Por qué, en un época de libre competencia y de liberalización de precios, a
un producto, por muy cultural que sea, se le restringe a un precio oficial,
fijo, marcado por el fabricante (editor), sin posibilidad de grandes
oscilaciones (5%)? Hay razones sobradas para ello.

La liberalización del precio en el libro conduciría, inevitablemente, a
campañas agresivas centradas en los libros de impacto y novedades, que son
los únicos con una rotación de ventas suficiente para interesar a las
grandes superficies (Hipermercados incluidos). Pero no crea el lector que
esto implicaría una bajada de precios a medio plazo. La importancia que
adquirirían estas grandes superficies y cadenas harían que monopolizaran
este tipo de mercado, exigiendo al editor mayor margen comercial para poder
hacer frente a esa guerra de precios. El editor, forzado a realizar mayores
descuentos a sus canales de venta, tendría que repercutirlo en el precio de
venta al público, para poder rentabilizar así su inversión. Es decir, un
libro, por ejemplo, cuyo precio fuera de 2.000 pesetas, pasaría a costar
2.500 pesetas, pero, eso sí, podría usted adquirirlo hasta con un 20% menos.

Además ¿qué ocurriría con las librerías? El margen comercial medio de una
librería es el 30%. Este margen no permite la competencia con los precios de
las novedades y best sellers ofertados por las grandes cadenas. Dada la
importancia económica que la venta de este tipo de libros tienen en el
balance final de cualquier librería, estas se verían estranguladas y muchas
de ellas tendrían que cerrar sus puertas. La experiencia de los países
europeos con la liberación de precios así lo ha demostrado. La Ley Lang del
ministro de cultura francés que aprobó la regulación del precio fijo ha sido
la respuesta más contundente y efectiva a los nefastos efectos provocados
por la guerra comercial.

Sin embargo, ante esto, podríamos preguntarnos: ¿interesa que sigan abiertas
las librerías de fondo? Las respuesta sólo es una: son el reflejo de la
pluralidad y heterogeneidad que enriquece la cultura de un país? ¿Podría
usted lector, adquirir, junto con los productos de primera necesidad, con su
carrito, El ciudadano de Hobbes; El capital, de Marx; o El Origen de las
especies, de Darwin?

Tendría confianza el autor en las liquidaciones de sus derechos por la
propiedad intelectual de su obra, al no saber a que precio real se está
vendiendo?

¿No debería ser el Ministerio de Cultura el que , en una campaña de
información sin tantas alharacas y monos difundiera las bondades de un
decreto-ley redactado y aprobado por el mismo que defiende, en último
término, los intereses de la cultura y, en definitiva, los derechos del
lector?

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