ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE LIBREROS INDEPENDIENTES, CONSTRUYENDO UN PAÍS DE LECTORES

ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE LIBREROS INDEPENDIENTES, CONSTRUYENDO UN PAÍS DE LECTORES
FERIA DEL LIBRO INFANTIL EN EL PARQUE NACIONAL EL PASADO 31 DE OCTUBRE

martes 3 de noviembre de 2009

Cultura escrita. Vía Roger Michelena: América Latina es la región del mundo en que menos se gasta en libros


América latina es la región del mundo en que menos se gasta en libros: en 2008, sólo el 4,14% de las ventas de libros en el mundo correspondió al continente. Las ventas totales fueron de US$ 4772 millones; de ellos, el 70% correspondió a Brasil.
En ese país, un habitante invierte en promedio US$ 19 por año en la compra de libros, mientras que en Chile un ciudadano consume de su presupuesto US$ 11 en la adquisición de libros de ficción, no ficción y textos educativos. El promedio de gasto en libros por habitante en México es de ocho dólares y sólo Venezuela, de los países latinoamericanos más representativos, está por debajo de la Argentina, publicó La Nación.
Un informe de la consultora internacional PricewaterhouseCoopers, realizado en Estados Unidos y Canadá, Europa, Medio Oriente y Africa, obtuvo estas conclusiones, que coinciden con las impresiones de un observador avezado del mercado mundial y a la vez dejan varias preguntas abiertas. ¿Los datos de compra de libros transmiten también una relación con los índices de lectura? ¿Cómo será la inversión en la región en el futuro cuando irrumpa el libro electrónico?
Sobre un mercado que en 2008 alcanzó los US$ 115.266 millones por ventas de libros de todo tipo -ensayo, ficción, texto escolar en todos sus niveles-, el grueso de las ventas totales se registró en Europa, Medio Oriente y Africa, con el 43,63%; América del Norte -EEUU. y Canadá-, con el 28,28%, y Asia Pacífico, con el 23,97 por ciento. La región Medio Oriente y Africa sólo comprende Israel, Arabia Saudita y Sudáfrica, según el informe.
• No se compra, pero se lee
En Francia, el promedio anual de gasto en libros por persona es de US$ 144, mientras que en Israel es de 139 dólares. Los italianos, españoles y alemanes invierten por año en libros entre US$ 110 y 114, y los británicos, 107 dólares.
Consultada por LA NACION, la librera Natu Poblet dijo que "no hay que confundir compra de libros e índices de lectura. En la Argentina hay mucha gente que saca libros en préstamo de bibliotecas. Y también hay amigos que prestan libros y otra gente que acude a leer a las librerías, donde hay muchas ofertas. Vengo de España, donde hay un boom de compra de libros y discos, porque en la crisis la gente compra libros y discos. Eso no significa que aumente el nivel de lectura".
Para Margarita Eggers Lan, directora del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación, "si estos datos del informe son tan reales, no se entiende que en la Argentina se publiquen 22.000 novedades editoriales por año y las librerías roten 1600 títulos por mes. ¿Cómo puede darse este panorama si la gente no lee?". Comprar libros y leer no son equivalentes, según Eggers Lan. "A fines de 2007, las industrias culturales de exportación representaron el 2,98% del PBI. El 70% de esa cifra fue de exportación de libros."
Para Eggers Lan, de larga trayectoria en la promoción de la lectura, "la industria editorial supera en su participación del PBI a las industrias del calzado y del tejido. En parte, las cosas también se vinculan con el papel que el Estado juega en la compra de libros. En las bibliotecas escolares hemos relevado ya una base de entre 2500 a 4000 títulos. Hay algunas que llegan a los 9000. El 33,5% de los adolescentes leen libros que sacan prestados de las bibliotecas".
El ex rector de la UBA Guillermo Jaim Etcheverry coincidió con el análisis de Eggers Lan y Poblet, en el sentido de que la compra de libros no refleja índices reales de lectura.
"Es sorprendente el dato de Brasil", dijo Jaim Etcheverry. "¿Cómo puede ser que, con 180 millones de habitantes, un ciudadano gaste un promedio de US$ 19 en compra de libros? Es evidente que el Estado juega un rol fundamental. El dato de que sólo el 4,14% del volumen total de ventas de libros en el mundo se hace en América latina muestra una asimetría cultural muy grande que es necesario revertir."Un dato curioso del informe es que no considera el mercado de libros electrónicos porque, según dice, no tiene un desarrollo significativo en América latina. Por lo que parece, según PricewaterhouseCoopers, nada indica que el libro en papel vaya a desaparecer en breve, por lo menos entre los latinoamericanos.
La proyección para la región es que hasta 2010 la cifra de ventas caerá un 3 por ciento. Pero, a partir de 2011, irá creciendo a razón de un 6,6 por ciento. En ese año, Buenos Aires será Capital Mundial del Libro, declarada por la Unesco. (APF.Digital)
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Enviado por: Pablo Arcila

sábado 31 de octubre de 2009

A propósito de la literatura infantil y juvenil. "Si tuviese una escalera" por Margarita Valencia

SI TUVIESE UNA ESCALERA

Asociamos la literatura infantil y juvenil con el gozo antiguo de oír historias y de contarlas, pero en realidad lo que llamamos hoy literatura infantil y juvenil es un invento reciente, que debemos más a los intereses comerciales de los editores que a las necesidades formales de los narradores. Su apogeo se explica por las campañas de alfabetización que nacieron de la mano de la expansión de la educación primaria en Europa durante el siglo 19, y a las cuales se sobrepuso, como  era natural, el tema del fomento a la lectura, más con el propósito de educar a los jóvenes —o de adoctrinarlos, si hemos de atenernos a los consejos de san Agustín— que de conmoverlos y deleitarlos. Había que aprovechar el recién ganado acceso de los niños a los textos para defender los fortines morales de la época, y en ello se empeñaron los editores, conscientes de que este nuevo filón seguiría produciendo mientras los padres y los maestros no se sintieran amenazados.
Dentro de los límites impuestos por este triángulo inexpugnable surgió gran parte de la literatura infantil del siglo 20, y la colombiana no es la excepción. El desacostumbrado crecimiento que el muy modesto corpus de la literatura infantil colombiana —tímidamente encabezado hasta entonces por Rafael Pombo y por Víctor Eduardo Caro— experimentó durante las últimas tres décadas del siglo pasado no hubiera alcanzado las magnitudes que alcanzó (aun modestas, no obstante) de no ser por el impulso que recibió en el aula (con lo cual no quiero demeritar la tarea de los apóstoles de la lectura en el país), en donde a la enseñanza de un código moral se añadió la necesidad de apuntalar los valores propios del nacionalismo: al amor familiar, la solidaridad, la justicia, se sumaron las recién descubiertas tradiciones populares —muy adecentadas y dulcificadas—, la fauna local, la geografía nacional, todo sazonado con un poco de magia, un poco de fantasía y un final feliz y moralizante : creo que el salpicón define mal que bien la gran mayoría de libros infantiles y juveniles publicados en las últimas décadas...

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Las palabras desencadenadas
Enviado por: Pablo Arcila


viernes 30 de octubre de 2009

Sábado 31 de octubre. Feria del Libro Infantil en el Parque Nacional




El sábado 31 de octubre una gran feria de libros para niños y  jóvenes estará abierta al público desde las diez de la mañana en el Parque Nacional, en  Bogotá. Varias librerías estarán presentes en el evento, organizado por la Secretaría de Cultura, la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, la Cámara Colombiana del Libro y la Asociación Colombiana de Libreros Independientes, ACLI. Se realizará una amplia muestra de libros infantiles y juveniles de autores nacionales y de otros países buscando un encuentro lúdico  con los buenos libros. Habrá actividades con cuenteros, lecturas, música y disfraces para lectores de todas las edades. 




¡Los libros a la calle! Módulos móviles diseñados por la ACLI para su proyecto de Librerías Itinerantes y Experimentales

¡Niños, jóvenes, padres, maestros, bibliotecarios y demás lectores de todas las edades... les esperamos!

jueves 29 de octubre de 2009

Lanzamiento Cuadernos de LIJ Biblioteca Nacional-Presentación del 3er cuaderno de LIJ Colombiana, dedicado a la obra de Triunfo Arciniegas.

El próximo 30 de octubre, el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional  realizarán el  lanzamiento del tercer número de los Cuadernos de Literatura Infantil Colombiana, dedicado al escritor Triunfo Arciniegas. La  publicación hace parte del proyecto orientado al reconocimiento, valoración, difusión y promoción de  la lectura de la literatura infantil colombiana que desde hace tres años adelanta la Biblioteca Nacional .
Este lanzamiento será el abrebocas de la exposición ‘El triunfo de la imaginación’, dedicada al escritor Triunfo Arciniegas, que se abrirá en noviembre próximo  y se extenderá hasta marzo del 2010. 
Como complemento a la muestra, también se llevarán a cabo el V Simposio de Literatura que organiza la Universidad Central con el apoyo de la Biblioteca Nacional, del 4 al 6 de noviembre y el Festival del Libro Infantil –del 24 de octubre al 2 de noviembre, con el cual la Cámara del Libro y los libreros  buscan la promoción de la lectura para los más pequeños a través de autores colombianos.
El  Cuaderno de la literatura infantil colombiana, número 3, será distribuido en bibliotecas y centros de documentación especializados.
Ir a  Biblioteca Nacional


martes 27 de octubre de 2009

Vía Tokland: Libreros en EE.UU. – el puño contra la mesa

LIBRERÍAS INDEPENDIENTES LUCHAN POR SU SUPERVIVENCIA
Por Henry Odell
oferta El Instituto para el futuro del libro, publica en su blog if:book una carta de la Asociación de Libreros Estadounidenses [ ABA - American Booksellers Association] dirigida al Departamento de Justicia de los EE.UU. solicitando se investiguen prácticas llevadas a cabo por Amazon, Wal-Mart y Target que consideran constituyen prácticas ilegales de precios que están haciendo daño a la industria del libro y que son nocivas para los consumidores.
La ABA es una organización con 109 años de existencia y representa a libreros independientes a lo largo y a lo ancho del país. Denuncian la guerra de precios desatada por los mencionados portales en torno a los best-sellers de tapa dura, que se suelen vender entre los U$S 25.- y U$S 35.- y que sin embargo se están rematando a precios entre U$S 8,98 y U$S 9.- (Como podemos ver, la gama de competencia en estos casos va de céntimos.).
Además de explicar la política de precios del sector, destacan que lo más preocupante es que “ninguna de las compañías participantes tiene como actividad principal la venta de libros” (sic), y que “toda la industria editorial corre peligro de sufrir daños colaterales en esta guerra.
Destacan también que “este episodio se precipitó por la venta por debajo del coste de ediciones digitales de nuevos hardcovers llevada a cabo por Amazon, lanzados de forma simultánea con las ediciones impresas de mayor precio.
Declaran engañoso pensar que la reducción de estos precios “serán un estímulo a la lectura y que posibilitarán una mayor difusión de la cultura“; más bien todo lo contrario. Y señalan asimismo que “los efectos serán devastadores para las librerías independientes ya que es imposible competir“.
Resulta interesante que en un mercado caracterizado por la libre competencia, hoy ya se estén alzando voces en contra pidiendo algún tipo de limitación.
Mercado libre? Mercado regulado? Precio fijo? Competencia?
Sí, todo esto es importante tener en cuenta, pero así como no será la guerra de precios la única causa que atente contra las librerías independientes, tampoco el precio fijo será lo que les garantice la supervivencia.
Ya que en el caso de España el precio fijo tiene buena salud, es posible que sea una buena base sobre la que apoyarse para buscar nuevos rumbos que permitan la supervivencia de un sector —las librerías— que también está amenazado por otras tormentas.
Enviado por: Pablo Arcila

lunes 26 de octubre de 2009

3er Festival del Libro Infantil: hacía un país de libros para niños. Mesas de reflexión "Los libros y los jóvenes".


viernes 23 de octubre de 2009

Textos recordados. "El amor a los libros" por Julio Ramón Ribeyro

EL AMOR A LOS LIBROS (1957)*

Alfredo González Prada cuenta que su padre, don Manuel, sentía por los libros un respeto casi religioso, al extremo que era incapaz de subrayarlos o trazar notas marginales. Se contentaba con redactar largas tiras de comentarios que añadía cuidadosamente al final de cada libro leído. Todo ello indica que don Manuel no amaba a los libros, sino que era un respetuoso lector.
En realidad, existe un amor físico a los libros muy diferente al amor intelectual por la lectura. Por lo general, el gran lector no ama los libros, así como el don Juan no ama a las mujeres. El gran lector coge los libros conforme caen en sus manos, los usa y los olvida. El amante de los libros, en cambio, los ama en sí mismos como cuerpos independientes y vivos, como conjunto de páginas impresas que es necesario no solamente leer, sino palpar, alinear en un estante, incorporar al patrimonio material con el mismo derecho que al bagaje del espíritu. El amante de los libros no aspira solamente a la lectura sino a la propiedad. Y esta propiedad necesita observar todas las solemnidades, cumplir todos los ritos que la hagan incontestable.
El amor a los libros se patentiza en el momento mismo de su adquisición. El verdadero amante de los libros no tolera que el expendedor se los envuelva. Necesita llevarlos desnudos en sus manos, irlos hojeando por el camino. Meter los pies en un charco de agua, sufrir todos los trastornos de un primer encantamiento. Llegando a su casa, lo primero que hará será grabar en la página inicial su nombre y la fecha del suceso. Porque para él toda adquisición es una peripecia que luego será necesario conmemorar. Con el tiempo dirá: “Hace tantos años y tantos días que compré este libro”, como se dice: “Hace tanto tiempo que conocí a esta mujer”.
Cumplido este requisito, el amante de los libros cogerá el primer objeto que encuentre a su disposición -sea regla, tarjeta u hoja de afeitar- y comenzará a cortar las páginas del libro y lo irá leyendo progresivamente con vehemencia, con sobresalto; como se ama a una novia conforme se la va descubriendo. Y durante el proceso de la lectura no resistirá ninguna tentación. Lo cubrirá de caricias y rasguños. Las páginas se irán cubriendo de “ojo” admirados, de objeciones marginales a sus ideas atrevidas, de interrogaciones a sus párrafos oscuros. Y solamente así -después de haberlo hecho viajar en tranvía, después de haberse introducido con él en la cama- podrá decir que ha leído ese libro, que lo ha poseído, que lo ha amado.
Es por ese motivo que el amante de los libros es intolerante con los libros ajenos. Leer un libro ajeno es como leerlo a medias. Si el libro es nuevo el lector necesitará observar cierta cortesía -forrarlo, probablemente- necesitará, además ser condescendiente con sus ideas, aceptar políticamente algunos puntos discutibles, combatir de continuo sus impulsos voraces y contentarse, por último, a dar aquí y allá un ligero toquecito a fin de no hacer ostensible, a ojos del propietario ese abuso de confianza. Si el libro prestado es viejo y releído la situación varía
radicalmente. El lector se enfrentará a él con la animosidad, con el escepticismo de quien se apresta recorrer una floresta ya explorada, de la cual se ha recogido sus más sabrosos frutos. Cuando más, se limitará a descubrir algún rincón oculto que pasó inadvertido al propietario y en el cual pondrá el regocijo de un verdadero hallazgo.
Por esta misma razón, el amante de los libros no puede frecuentar bibliotecas públicas. El acto le parecerá tan humillante y pernicioso como visitar las casas de tolerancia. Los libros puestos a disposición de la comunidad son libros indiferentes, son libros fríos con los cuales no nace un acto de verdadero amor, no se crea relación de confianza. Frente a ellos, solamente, podrá a veces practicarse algún acto de brutalidad, como arrancar una de sus páginas. Hay gente, sin embargo, que solo lee en las bibliotecas públicas y eso revela, en el fondo, una profunda incapacidad para amar.
Un libro leído y amado es un bien irremplazable. Al gran lector no le pesará perder o regalar un libro suyo porque podrá adquirir otro idéntico. Para el verdadero lector no existen libros idénticos, por semejantes que sean. Cada libro es para él una amistad con todas sus grandezas y sus miserias, sus disputas y sus reconciliaciones, sus diálogos y sus silencios. Al releer estos libros -el amante es sobre todo un relector- irá reconociendo sus horas rendidas, sus viejos entusiasmos, sus dudas inútiles. Un libro amado es un fragmento de vida, perdido el libro, queda un vacío en la memoria que nada podrá remplazar. Los verdaderos amantes de los libros inscriben su vida en ellos. Se podría adivinar el carácter de una persona, se podría incluso trazar su biografía, examinando no solo qué libros ha leído, sino cómo los ha leído.
El amor a los libros, como toda pasión violenta, está sujeto a una serie de arbitrariedades. A menudo, por atención al formato se es injusto, se es injusto con el contenido. Es frecuente tener a nuestra disposición durante muchos meses un libro sin que nos dignemos a abrirlo porque su encuadernación nos produce una viva antipatía. Un amigo me confesaba que durante mucho tiempo Stendhal le pareció un mal escritor, porque la edición de Rojo y negro que tenía era una edición vulgar, mal vestida, plena de errores tipográficos. Pero le bastó ver la misma novela en una bella vitrina ataviada no se sabe para que feria, para que de inmediato cobrara por ella una simpatía irresistible. La consiguió, naturalmente, y hasta la fecha -la novela- no la ha quitado de su cabecera.
Esto no quiere decir que el amante de los libros se deje seducir por el lujo. Para él, una edición áspera al tacto, una edición plebeya será tan inadmisible como una en papel Holanda. Hay libros que por su insolente belleza intimidan: su forro de piel, el oro que recarga su superficie nos indican de inmediato que debe tratarse de un libro caro, de un libro incómodo y difícil de usar, al cual no podremos, por ejemplo, poner en la mesa de un restaurante sin que corra el peligro de mancharse. Despertaría, además, la codicia de nuestros amigos, y no faltaría uno que lo pidiera prestado por una noche y no lo devolviera jamás.
Un libro, para ser amado, necesita poseer otras y más delicadas cualidades. Necesita, en realidad, un mínimo de decoro, de gusto, de misterio, de proporción; en suma, aquellas cualidades que podemos exigir, discretamente, en una mujer. Por esta razón es que entre las mujeres y los libros existen tantas secretas correspondencias. Hay libros que terminan sus vidas solitarios, que jamás encuentran un lector. Hay lectores que jamás encuentra su libro.
* Suplemento El Dominical del diario El Comercio. Lima, 14 de julio de 1957, p.3.
Texto publicado en: Luis Fuentes Rojas, El archivo personal de Julio Ramón Ribeyro, Fondo Editorial Cultura Peruana-Instituto Raúl Porras Barrenechea, Lima, 370 p., 2006
Enviado por: Pablo Arcila